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sábado, 23 de abril de 2022

EN EL DIA DE LA TIERRA, LUCHAR CONTRA EL ANALFABETISMO GEOLÓGICO (Abril 2022)

EN EL DIA DE LA TIERRA, LUCHAR CONTRA EL ANALFABETISMO GEOLÓGICO

Héctor Luis Lacreu    (Ver PDF)
lacreu@gmail.com

         El analfabetismo geológico, nos asegura la distopía de un futuro indeseable en el que persisten y se incrementan los problemas ambientales, resultantes del modelo de desarrollo insustentable que la sociedad ha establecido con la naturaleza.

Los llamados “daños colaterales”, derivan de la mala praxis asociada al aprovechamiento de los procesos y/o materiales geológicos utilizados para el desarrollo de la humanidad. Nos referimos a la expoliación de los paisajes, del agua superficial y subterránea, del suelo, de las rocas y los minerales, como así también a cierta negligencia en las políticas de control y protección social de amenazas naturales tales como inundaciones, derrumbes, volcanismo y terremotos. 

Las problemáticas ambientales son fundamentalmente de naturaleza política, entonces no se resolverán sólo con la alfabetización geológica, pero tampoco sin ella. En ese sentido y a modo de hipótesis, se considera que los actores políticos, económicos, universitarios y la sociedad en general, carecen de los mínimos saberes para comprender las razones geológicas de la actual distribución de los recursos no renovables y de las amenazas naturales. Dichos actores, con el asesoramiento de profesionales especializados, han participado de las decisiones políticas y económicas que, por acción u omisión, promovieron los problemas que hoy sufre la humanidad. Ello ocurrió bajo el supuesto de aportar a un Desarrollo Sustentable que no fue tal.

La idea de que “las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”, incluida en el art. 41 de la Constitución Nacional Argentina debe ser revisada. En efecto, ese concepto es tan seductor como impreciso y ello se percibe al preguntarnos: ¿satisfacer las necesidades presentes…, pero de quién/es? y también: ¿cómo saber cuáles serán las necesidades de las futuras generaciones? En este aspecto, preferimos definir al Desarrollo Sustentable (DS) como aquel que asegura en forma simultánea: Crecimiento Económico (CE), Equidad Social (ES) y Equilibrio Ecológico(EE). Así, la ecuación DS= CE + ES + EE permite evaluar los supuestos “proyectos sustentables”, preguntándonos si las futuras generaciones además de CE recibirán un planeta con el debido cuidado de la ES y del EE.  Cabe acotar que el adjetivo “sustentable”, sufrió un perverso deslizamiento semántico y habitualmente se emplea para referirse al CE o la rentabilidad de un emprendimiento, lo cual representa una estafa pública. En efecto, la ONU introduce ese adjetivo en 1987 a través del Informe Brundtland, precisamente para señalar que el mero CE no representa el desarrollo de los pueblos.

Desde el año 2020 en adelante, ninguna actividad de la Tierra ha quedado exenta de la influencia del COVID-19, originada en una zoonosis derivada, en parte, de la expoliación de los recursos naturales y la hiperconcentración urbana en las megalópolis. Además, si se considera en forma conjunta la pandemia mundial con el calentamiento global, se puede interpretar que diferentes sectores de la humanidad han promovido, tolerado o se han visto sometidos por modelos de desarrollo insustentables que, de no mediar cambios, evolucionará hacia un planeta distópico.

Esta sentencia, lejos de ser una profecía, se fundamenta en la historia del planeta. Las rocas conservan el registro que nos muestra la ocurrencia de drásticos cambios climáticos que provocaron la desertización de regiones selváticas, desecaron mares, provocaron extinciones masivas de vida y produjeron grandes y persistentes inundaciones marinas como evidencia el subsuelo de la provincia de la región pampeana argentina.

 Considerando lo expuesto, no deberíamos sorprendernos que la actual fusión de los hielos provoque el ascenso del nivel de los mares y las consecuentes inundaciones costeras.  Se calcula que hacia 2100, habrá que relocalizar unos 1.000 millones de personas en la Tierra. Esta cifra se incrementará con la necesaria desconcentración de las mega-urbes, con la finalidad de evitar el hacinamiento y la vulnerabilidad a los contagios sanitarios, tal como ocurre en estos días.

Dicha hipotética relocalización, involucrará la construcción de ciudades en territorios deshabitados y las obvias demandas de aprovisionamiento de recursos naturales y servicios. Este proceso se realizará bajo los designios del libre mercado, a menos que se promueva un cambio cultural y la sociedad encomiende la planificación y el control al Estado. De este modo, se podrá asegurar una planificación razonable, con control social y dentro de un modelo de desarrollo sustentable.

En el marco de esta hipótesis, el analfabetismo geológico interpela a los enfoques de las practicas docentes ya que, de continuar con las mismas prácticas, será difícil el ejercicio de un control ciudadano que garantice una adecuada ocupación de los nuevos territorios. Así, la alfabetización geológica (AG) podrá contribuir a un utópico mundo sustentable, siempre que su enseñanza esté enmarcada en la Geología como una ciencia histórico-interpretativa. De este modo se podrá comprender el origen del paisaje geológico natal y también promover la responsabilidad social y política para su conservación.  

Desde este punto de vista, para que la Geología pueda contribuir con la cultura y el desarrollo sustentable, debe ser incorporada con mayor enjundia en los planes de estudios de todos los niveles educativos.  A tal fin, será conveniente considerar las siguientes tres dimensiones: la AG práctica: que permite utilizar los conocimientos geológicos en la vida diaria, con el fin de mejorar las condiciones de vida, de comprender la distribución y ocurrencia de recursos y amenazas naturales de nuestro entorno.  la AG ciudadana: para que todas las personas puedan intervenir socialmente en decisiones políticas con diversos criterios, incluyendo los científicos y la AG cultural: que vincula la construcción de los conocimientos científicos, con el significado de la ciencia y la tecnología y la incidencia de la ciencia en la configuración de las sociedades.


22 de Abril, 2022

http://www.periodistasenlared.info/abril22-25/nota4.html

lunes, 27 de abril de 2020

LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA

El 22 de abril de 2020 se conmemoró un nuevo Día de la Tierra y además se cumplió el medio siglo de vida de esta celebración iniciada en 1970 a instancias del senador Nelson Gaylord. Esta iniciativa tuvo gran éxito porque se produjo en un momento de la historia mundial, y especialmente de Estados Unidos donde su pueblo estaba altamente sensibilizado por la guerra de Vietnam que destruyó la naturaleza junto con la irreparable aniquilación de vidas humanas. Sin embargo, en 2009 dicho día fue re-bautizado por la ONU como “Día Internacional de la Madre Tierra” y sospecho que fue para invisibilizar las razones políticas de su origen.   

Desforestación en la amazonia, pulmón del planeta

La actual conmemoración del ahora llamado Día de la Madre Tierra será diferente porque desde hace 4 meses se declaró una pandemia causada por el contagio del virus Covid-19 que se expandió velozmente por los cinco continentes y hasta la fecha se contabilizan cerca de dos millones de contagios y casi 200.000 muertes. Además, la vida social y cultural, la industria y la economía del mundo están prácticamente paralizadas y ello nos lleva a preguntarnos si esos cambios en la dinámica social podrían tener influencia en la “salud” de la Tierra.
Sobre el particular, debemos cuidarnos de no cometer el error de confundir la Tierra o la naturaleza con el medio ambiente. En efecto, este último es un objeto inmaterial que resulta de las relaciones entre los humanos y entre la humanidad y la naturaleza.  
Por ello, el intento de encontrar alguna respuesta, requiere que tengamos en claro que es lo que se conmemora el Día de la Tierra y en qué se diferencia del Día del Medio Ambiente, que se celebra en otra fecha (5 de junio). Ambas fechas tienen algo en común: la relación de la humanidad con la naturaleza. Sin embargo, el hecho de que se celebren en dos momentos distintos nos lleva a reflexionar cuales son las prioridades y los objetivos en uno y otro caso.
Cabe señalar que las promociones que realiza la ONU de ambos días internacionales (ver en internet), resultan tan inocentes y bucólicas como confusas y no ayudan a esclarecer la complejidad de los problemas porque no propician la reflexión político-ideológica. En efecto, en ambos casos se alude a la naturaleza y a la humanidad como beneficiaria de las bellezas, de los recursos para la vida y también como receptora de las amenazas (naturales o inducidas) que atentan contra la calidad de vida.  Así, se configura un enfoque antropocéntrico de la naturaleza anteponiendo las prioridades de la humanidad y se preocupa por los sistemas naturales, en tanto y en cuanto son funcionales al desarrollo sustentable de la sociedad. 
Estas motivaciones antropocéntricas son muy necesarias para la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente y son imprescindibles para que los hombres y mujeres nos hagamos responsables de nuestros actos y para promover políticas de desarrollo sustentable, que se materialice otorgando iguales prioridades al crecimiento económico, la equidad social y el equilibrio ecológico.
Sin embargo, las reflexiones y las políticas relacionadas con el Día de la Tierra, aunque complementarias de las anteriores, deberían tener como objetivo la preservación del equilibrio entre los subsistemas de la naturaleza: Geosfera, Atmósfera, Hidrosfera y Biosfera. Ello implica el compromiso para evitar que los cambios naturales y/o antrópicos en los paisajes “borren” tanto los rasgos actuales como los registros histórico geológicos que nos hablan de la historia de nuestro planeta.
Estos objetivos para el Día internacional de la Tierra responden a un enfoque geocéntrico que se orienta a promover el respeto humano hacia la naturaleza, entendido como el compromiso humano de evitar alteraciones en y entre los subsistemas antes mencionados. Estas precauciones, se basan en una idea muy generalizada de la tierra como “bien común” como albergue para todas las especies, incluida la humana.  En efecto, varias culturas a través de sus creencias sus religiones y mitos, promueven la preservación de la naturaleza y “sienten” que los cambios drásticos inducidos en sus paisajes son una ofensa a esas tradiciones ancestrales. Ello obedece a que las actuales relaciones entre la humanidad y la naturaleza están orientadas por cierta correlación de fuerzas político-ideológicas que nadie puede afirmar que se mantendrán por siempre. En consecuencia, la responsabilidad y el respeto por la preservación de las condiciones naturales de nuestro planeta es un imperativo cultural fundado en el humilde reconocimiento de nuestra ignorancia sobre cuáles serán las necesidades de las generaciones futuras.
Por otro lado, dicho enfoque nos permite colocar a la naturaleza en el centro de las reflexiones y como seres humanos, imaginarnos junto a las otras espacies vivientes que nos dan el ejemplo de convivencia en un equilibrio armónico con la naturaleza. Así, podremos sentirnos parte de la evolución de la vida en la Tierra, desprendernos de nuestra omnipotencia, no entorpecer la evolución natural en todos los territorios que sea posible y, también, comprender que difícilmente se podrá eternizar nuestra actual forma de relacionarnos con la Naturaleza.
 En dicho sentido, cabe recordar que en América Latina los pueblos originarios andinos se refieran a la naturaleza como la “Pachamama”. Al respecto, en su libro “La Pachamama y lo Humano” Eugenio R. Zaffaroni se refiere a estos aspectos culturales y menciona que   en la constitución de Ecuador (2008), la Pachamama está incorporada como sujeto de derecho y en su Art 71 dispone: “La naturaleza o Pachamama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. //Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza. // El estado incentivará a las personas naturales y jurídicas, y a los colectivos para que protejan la naturaleza, y promoverá el respeto a todos los elementos que forman un ecosistema”.  Algo similar se incorporó en la constitución de Bolivia (2009).
En consecuencia, si consideramos a la Pachamama como sujeto de derechos, tenemos que concluir que la humanidad no los ha respetado y que el sistema capitalista la ha considerado como un objeto de expoliación, provocando marcas tan profundas que dieron lugar a la nominación de una nueva época geológica: el Antropoceno.
 En relación con las actividades de conmemoración, desde hace décadas, los medios de comunicación difunden las actividades institucionales de algunas ONG´s, gobiernos y escuelas, que generalmente se concentran en promover la “conciencia ciudadana” para el cuidado de la naturaleza, y lo hacen promoviendo una reflexión bucólica sobre la belleza y la biodiversidad de los paisajes que suele reflejarse en simpáticos y sentidos dibujos en carteleras escolares. 
Cabe señalar que dichas actividades son importantes y motivadoras para el nivel pre escolar y quizás para los primeros años de la escuela primaria. Sin embargo, mantener los mismos criterios para los alumnos mayores de la primaria y del secundario representa una banalización de la conmemoración de la Madre Tierra.
Entonces, la formación de la conciencia ciudadana requiere que haya una transición desde la reflexión bucólica a la reflexión política, entendiendo la política como un desafío para pensar e impulsar acciones eficientes para lograr cambios que contribuyan al desarrollo sustentable.
Sobre la base de lo expuesto, se debería considerar con mayor cuidado el modo de conmemorar y fomentar las acciones de respeto y “preservación de los subsistemas naturales”. Para ello, es necesario salir del nivel de las generalizaciones y contextualizar los proyectos en un tiempo y un espacio concreto. En ese sentido, es posible que la formación ciudadana sea más eficiente si se realiza sobre problemáticas referidas al paisaje de nuestro entorno y proponiendo acciones políticas para la preservación de los sectores de interés patrimonial.  
Antes de finalizar quiero mencionar que dentro de esa búsqueda de promover el respeto a la naturaleza se han creado los parques nacionales y las regiones consideradas patrimonio de la humanidad. El objetivo, es la preservación de los rasgos de una naturaleza que de otro modo podría desaparecer por la colonización y destrucción humana.
En tal sentido, se puede mencionar un proyecto reciente orientado a la conservación de lugares naturales de interés cultural para algunas comunidades de San Luis. Se trata  del proyecto denominado “Los Tesoros Geológicos de Juana Koslay”  que propone la preservación y divulgación de un “geositio” cuyas  rocas nos  “relatan” una historia que comienza hace 500 millones de años, cuando en la región había una gran cordillera, los Andes no existían y en su lugar había un gran océano.
 Más allá de este ejemplo, hay muchos sitios geológicos con historias muy antiguas que influyen en la identidad de los pueblos y también existen otras regiones cuya singular biodiversidad refleja el estado actual en la evolución de la vida. 
Por último, quiero expresar que es deseable que, en el Día Internacional de la Madre Tierra, se promueva el respeto a la naturaleza como sujeto de derechos y como futuro hogar de las próximas generaciones. Ese respeto se debería exteriorizar en reflexiones políticas y actividades que por un lado justifiquen la creación de sitios naturales protegidos y por otro, que denuncien las malas praxis que provocan el descuido y/o la destrucción de la naturaleza.

Héctor Luis Lacreu

22 de abril de 2020

martes, 23 de abril de 2019

EL SENTIDO POLÍTICO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA TIERRA -2019-


EL SENTIDO POLÍTICO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA TIERRA
Héctor Luis Lacreu

Tengo la impresión que el Día Internacional de la Madre Tierra, no recibe la debida atención de parte de los actores políticos y sociales de la provincia, ni de las universidades locales. Los problemas sociales derivados del cambio climático, del extractivismo que depreda enormes superficies de tierra y contamina la atmósfera, los suelos y las aguas, no parecen ser motivos de atención especial en este día. 
Entonces, se hace necesario recordar que el Día de la Tierra se conmemora desde el 22 de abril de 1970, fecha en que su inspirador, el senador Nelson Gaylord, declaró que “La batalla para restaurar una relación adecuada entre el hombre y su entorno, entre el hombre y otras criaturas vivientes, requerirá un compromiso político, moral, ético y financiero prolongado, sostenido, mucho más allá de cualquier esfuerzo realizado anteriormente".
Por otra parte conviene tener en cuenta  el blog de las Naciones Unidas , donde se señala que  los días internacionales sirven para “Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes
Conforme a los conceptos señalados en los párrafos anteriores, se destaca que la conmemoración de este día, debería tener un contenido político, orientado a reflexionar, caracterizar y denunciar públicamente los problemas causados tanto por el consumismo y la expoliación de los recursos de la Tierra, como por la falta de atención para mitigar las amenazas geológicas.
Estos señalamientos políticos, deberían surgir de actividades y encuentros de reflexión organizados en los ámbitos escolares y universitarios. Sin embargo, parecería que en esas instituciones la formación ciudadana es sólo declamativa y no se perciben acciones ni indicadores que muestren que el sistema educativo esté realmente preocupado, y ocupado por la formación de sujetos políticos, tal como se indican en las normas educativas de la Argentina.
Así, no parece existir interés en la socialización y reflexión sobre temas tales como la minería del Litio en San Francisco, el embancamiento del dique La Estrechura, la extracción áridos en los ríos puntanos, la calidad del agua en las grandes ciudades, el uso de los suelos, el tratamiento de los efluentes cloacales, los derrumbes en caminos de montaña, las inundaciones, etc. Se podría pensar que esos temas sólo se abordan cuando aparecen los problemas y en su solución, sólo deben intervenir los profesionales y técnicos, mientras los ciudadanos son meros espectadores. De este modo, no parece que se cumpla con el objetivo de concienciar a la sociedad e interpelar a los actores políticos.
Lamentablemente, el Día de la Tierra suele ser “celebrado” erróneamente con actividades de cuidado medioambiental traducidas en la plantación de árboles o en actividades como las desarrolladas en 2018 por el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción de San Luis. En esa oportunidad se organizó una celebración del  Día de la Tierra como una jornada ambiental, bajo el lema “Vos pedaleás, la Tierra respira”. Y se señaló que buscaba promover una actividad saludable y amigable con el medio ambiente.
Las actividades saludables, las tareas de reciclaje, selección de basura, la forestación e incluso las prácticas para evitar el derroche de agua y electricidad son acciones que no son reprochables en sí mismas, pero si lo es el mensaje subliminal de que así se resolverán o se evitarán los problemas ambientales.
Se trata entonces de un mensaje engañoso, porque elude poner el eje de la discusión en las causas políticas y económicas y crean la ilusión de que las practicas individuales lograrán evitar o revertir las dramáticas consecuencias del cambio climático.
Opino que algunas acciones “poco comprometidas”, podrían funcionar en los primeros niveles escolares, pero resultan banales y distractivas en los niveles superiores y en la universidad. En efecto, son escasamente pertinentes con los objetivos del Día de la Tierra y no promueven ninguna reflexión sobre la caracterización de los problemas ambientales y de sus verdaderas causas.

22 de abril de 2019


           

VISIÓN GEOLÓGICA DEL DÍA DE LA TIERRA -2018-


VISIÓN GEOLÓGICA DEL DÍA DE LA TIERRA

El 22 de abril de cada año, se celebra el Día Internacional de la Tierra y el sentido que se invoca usualmente, es el de promover valores y actitudes para el cuidado del planeta. Sin embargo, considero que más que cuidar al planeta debemos cuidar al medio ambiente.  
En esta oportunidad quiero sumarme a esta celebración compartiendo algunas reflexiones con el objeto de profundizar algunos aspectos políticos que suelen quedar ocultos. Por un lado, aludiré a la naturaleza profundamente política y humanista de la creación del Día de la Tierra y por otro lado, sugeriré la necesidad de una mayor alfabetización geológica para que cada ciudadano pueda conocer la historia profunda del paisaje que habita, de su lugar en la Tierra.
 En relación con el origen del Día de la Tierra, cabe señalar que fue algo más que la ocurrencia de un señor que amaba a la naturaleza. Recordemos que en la década del ´60 durante la llamada guerra de Vietnam, EEUU utilizó armas químicas como el Napalm para incendiar las selvas donde se refugiaba el pueblo y los guerrilleros que defendían su patria. Estos poderosos agentes químicos incendiaban no solo las selvas sino todos los seres vivos que en ella habitaban, incluyendo las personas. Las atrocidades inhumanas y la difusión de desgarradores relatos e imágenes provocaron un rechazo mundial a las agresiones contra seres humanos, contra las libertades, contra los derechos humanos y contra la naturaleza y desde 1964 lograron sensibilizar movilizar a todo el mundo.
En ese marco político, el senador norteamericano Nelson Gaylord, se inspiró en las estrategias de las movilizaciones contra la “guerra de Vietnam”, propuso la creación del Día de la Tierra, y el día 22 de abril de 1970 publicó los fundamentos en los diarios e invitó a 50 gobernadores estadounidenses que lo apoyaran. Como resultado, en esa semana se movilizaron más de 20 millones de personas que participaron en actividades educativas y eventos comunitarios.
En la ceremonia del primer Día de la Tierra en la Universidad de Wisconsin, el Senador Nelson declaró: “Nuestro objetivo es un ambiente de decencia, calidad y respeto mutuo para todas las demás criaturas humanas y para todas las criaturas vivientes. La batalla para restaurar una relación adecuada entre el hombre y su entorno, entre el hombre y otras criaturas vivientes, requerirá un compromiso político, moral, ético y financiero prolongado, sostenido, mucho más allá de cualquier esfuerzo realizado anteriormente".
Podemos leer en los diarios de todo el mundo que aún siguen vigentes las razones que hace casi 50 años promovieron la creación del Día de la Tierra y que su conmemoración debe involucrar un fuerte llamado de atención para que los ciudadanos comunes actuemos en “defensa propia”. 
Me refiero a que el planeta no necesita que lo defienda nadie, los cambios que el hombre provoca, y el hombre mismo, serán invisibles en pocos millones de años. Mientras estemos habitando este planeta, lo que necesitamos defender es el derecho de la humanidad a poder gozar y utilizar los recursos y cuidarnos de los riesgos naturales.
El párrafo anterior no pretende ser alarmista, sino que intenta persuadir a los lectores para que se interesen por conocer la historia de la Tierra, porque será el único modo de prevenir daños futuros. En efecto, este conocimiento nos muestra que, durante millones de años, en el planeta hubo cambios de gran envergadura como son la ruptura y unión de continentes, la aparición y desaparición de majestuosas cordilleras y volcanes, la migración de los océanos, inundaciones y sequías y, por supuesto, la extinción de varias especies. Además, la historia nos permite comprender que esos procesos, aunque imperceptibles, aún se mantienen activos y que habrán de continuar por varios millones de años más.
 La reconstrucción de la historia de la Tierra, sólo es posible mediante las herramientas que ofrece la Geología y cuyos aspectos fundamentales, son accesibles al público en general pero lamentablemente están ausentes de la cultura de los ciudadanos.  Las razones de esta ausencia son múltiples, pero, mirando hacia adelante, podemos asegurar que tanto los docentes como los alumnos familiares y amigos, con un mínimo esfuerzo serán capaces de reconstruir la historia del paisaje que nos rodea en San Luis o en cualquier parte del mundo.
Dichas herramientas son las nociones elementales del tiempo geológico y el significado geológico-histórico de las rocas en cuanto a los procesos y condiciones en que se formaron. Sin embargo, la orientación de la enseñanza de la geología en la educación primaria y secundaria, lamentablemente se ha orientado a la clasificación de sistemática de minerales y rocas, a la repetición memorística de las Eras geológicas o las geoformas del paisaje.  De este modo, esos y otros contenidos carecen de significado tanto para los alumnos como para los docentes. Así, lamentablemente se pierde la oportunidad de dotarlos de un sentido histórico que permita conocer la historia geológica del paisaje del río San Luis, del Potrero de los Funes, de Juana Koslay y de todos y cada uno de los parajes de San Luis y del mundo.

Dr. Héctor Luis Lacreu

Proyecto COPLA - UNSL


http://www.periodistasenlared.info/abril18-23/nota7.html